Hablamos de superalimentos, de dietas, de suplementos y de macronutrientes. Y sin embargo hay una variable que casi nunca entra en esa conversación, pese a ser el medio en el que ocurre prácticamente toda la bioquímica de la digestión: el agua.
Puedes comer perfecto y absorber mal. La calidad y el momento de tu hidratación determinan buena parte de lo que tu cuerpo consigue extraer de la comida.
La digestión no es solo descomponer alimentos. Es descomponerlos, transportarlos a través de la pared intestinal, llevarlos por el torrente sanguíneo hasta las células y eliminar lo que sobra. El agua interviene en todas y cada una de esas fases.
Las vitaminas del grupo B y la vitamina C se disuelven en agua, y ese es literalmente su medio de transporte. Sin una hidratación suficiente, su absorción y distribución se ven comprometidas por mucho que la ingesta sea adecuada.
Estas vitaminas además no se almacenan en cantidades significativas: el excedente se elimina por la orina, lo que hace que el aporte constante y una buena hidratación importen a diario, no de vez en cuando.
El potasio, el magnesio, el sodio y el calcio se desplazan por el organismo en forma iónica, disueltos en medio acuoso. Son los responsables del equilibrio electrolítico que regula la contracción muscular, la transmisión nerviosa y el balance de fluidos.
Aquí aparece un matiz importante que rara vez se menciona: el agua no es solo el vehículo, también es una fuente. El agua con contenido mineral aporta calcio y magnesio biodisponibles. No sustituye a una buena alimentación, pero contribuye.
Las vitaminas A, D, E y K necesitan grasa para absorberse, no agua. Aun así, la hidratación sigue siendo relevante: participa en la producción de bilis, necesaria para emulsionar esas grasas y hacer posible la absorción.
El estómago mantiene un pH muy ácido, entre 1.5 y 3.5, imprescindible para activar la pepsina y descomponer las proteínas. Es una de las preguntas que más recibimos: ¿beber agua alcalina interfiere con esa acidez?
La respuesta corta es no, y la razón es tranquilizadora. El estómago tiene una capacidad de regulación muy potente y restablece su pH con rapidez tras la entrada de líquidos. Un vaso de agua con pH 7.5 no neutraliza el medio gástrico.
Lo que sí conviene evitar es el volumen elevado justo durante la comida, que puede diluir temporalmente los jugos digestivos y ralentizar el proceso. La cuestión es la cantidad y el momento, no el pH.
Si te interesa el tema en profundidad, lo desarrollamos en nuestro artículo sobre el pH del agua.
El momento importa tanto como la cantidad. Esta es una guía práctica:
Las referencias generales, contando la que aportan los alimentos, se sitúan en estos rangos:
Aproximadamente un 20% de la ingesta total suele venir de los alimentos, especialmente de frutas y verduras. Un pepino ronda el 96% de agua; la sandía, el 92%. Comer bien también es hidratarse.
Algunos matices con respaldo razonable en la literatura nutricional:
Si vas a beber entre dos y tres litros al día durante años, lo que bebes acaba importando. El agua magnetizada ELIM mantiene un pH de 7.2 a 7.8, un TDS bajo con perfil mineral publicado y un ORP negativo, documentados lote a lote.
No es un suplemento ni sustituye una alimentación equilibrada. Es el medio en el que todo lo demás funciona, y merece la misma atención que le das al resto de tu dieta.
¿Preguntas sobre composición mineral o análisis de lote? Escríbenos a info@elimred.com o por WhatsApp al +1-615-414-2526. También puedes ver los packs disponibles en nuestra tienda.
Start your transformation with premium magnetized water — delivery in USA and Colombia.